Salís de una sesión y te quedás pensando que algo no encaja. Quizás recibiste una respuesta que te resultó distante, hubo un silencio difícil o sentiste que se entendió otra cosa. Aparece entonces una duda incómoda: «¿Tengo que darle tiempo o buscar a otra persona?».

No hay una respuesta que sirva para todos los vínculos. Sentirse acompañado no significa estar siempre de acuerdo, pero tampoco significa aceptar cualquier trato. Entre una conversación que necesita ajustes y una situación que compromete tu seguridad hay diferencias importantes.

Ponerle palabras a eso que no encaja

«No conecto» puede nombrar experiencias distintas. Tal vez esperabas más preguntas, necesitabas una explicación sobre la forma de trabajo o te cuesta reconocer qué lugar tiene un tema que para vos es central. También puede haber una dificultad concreta: interrupciones frecuentes, falta de privacidad o comentarios que te hacen sentir juzgado.

Antes de decidir qué hacer, puede servir identificar una escena. «Cuando conté esto, la respuesta fue aquella y me quedé con esta sensación» permite describir mejor el problema que «la terapia no sirve». No necesitás demostrar que tu percepción es la única posible para que merezca ser escuchada.

El NIMH destaca la importancia de la confianza y de poder conversar sobre la propuesta terapéutica, los objetivos y la confidencialidad. La relación no es un detalle decorativo del tratamiento: forma parte de las condiciones en las que se trabaja.1

Dar tiempo no es quedarse sin preguntar

Una primera entrevista puede sentirse extraña. Estás hablando con alguien que todavía no te conoce y quizás estás contando cuestiones que rara vez compartís. Esa situación no permite concluir, por sí sola, que el vínculo va a funcionar o que no tiene posibilidades.

Podés preguntarte si la incomodidad tiene que ver con abordar un tema difícil, con no entender una intervención o con cómo estás siendo tratado. Es una pregunta para explorar, no una obligación de justificar al profesional. Tampoco existe un número universal de sesiones que debas completar antes de expresar una duda.

Si te cuesta iniciar esa conversación, alcanza con decir: «Me quedé pensando en algo de la sesión anterior». No hace falta preparar una acusación ni suavizar tanto lo que sentiste que termine desapareciendo.

Una conversación posible, sin rendir examen

Imaginá que necesitabas hablar de una pérdida y la sesión tomó otro rumbo. Podrías plantear: «Entiendo que aparecieron otros temas, pero me fui con la sensación de que esto quedó afuera. Me gustaría retomarlo». Es un ejemplo, no una fórmula obligatoria.

También podés preguntar por el sentido de una intervención: «No entendí por qué me preguntaste eso» o «cuando escuché esa frase, sentí que se estaba minimizando lo que me pasa». El objetivo no es conseguir que el profesional te dé la razón en todo, sino abrir un intercambio que permita aclarar y revisar lo ocurrido.

Observá si hay espacio para tu perspectiva y una respuesta comprensible. Una explicación puede no convencerte de inmediato. Lo importante es que tu pregunta no sea tratada automáticamente como una falla tuya o como una falta de compromiso.

Diferencias que también cuentan

El modo de conversar, la experiencia con determinada problemática, el idioma y las condiciones prácticas pueden influir en tu elección. Una profesional puede ser competente y, aun así, no ser la alternativa adecuada para lo que necesitás en este momento.

Por ejemplo, quizá la atención online te resuelve la distancia, pero no tenés privacidad suficiente en casa. O los horarios disponibles hacen que llegues siempre apurado. Antes de atribuir toda la dificultad al vínculo, vale la pena mirar esas condiciones. En otro recurso abordamos cómo preparar un espacio privado para terapia online.

Conversar sobre estos obstáculos no garantiza que puedan resolverse. Sí ayuda a que la decisión de continuar, ajustar o cambiar tenga en cuenta lo que efectivamente está pasando.

Lo que no corresponde normalizar

Las humillaciones, las insinuaciones sexuales o las presiones para establecer una relación personal no son una incomodidad que tengas que atravesar para que la terapia funcione. Los límites profesionales existen para cuidar el vínculo, y sostenerlos es responsabilidad del profesional, no del paciente.2

Si hubo una situación que te hizo sentir vulnerado, podés buscar una segunda opinión o asesoramiento en el organismo profesional correspondiente a tu jurisdicción. No estás obligado a confrontar a esa persona ni a tener una sesión de cierre si no te sentís seguro.

La confidencialidad también requiere explicaciones claras, incluidos sus límites. Una posible vulneración merece ser examinada; no se resuelve con una promesa vaga de confianza. Las orientaciones profesionales citadas aquí son referencias generales, no un procedimiento de denuncia aplicable a todos los países.2

Cambiar sin convertirlo en un fracaso

Cuando las condiciones son seguras, conversar sobre un cambio puede ayudar a organizar una transición y evitar quedar sin atención necesaria. Si seguís otro tratamiento de salud, coordiná su continuidad con los profesionales responsables; cambiar de psicólogo no implica modificarlo por tu cuenta.

No necesitás concluir que alguien es «malo» para reconocer que una propuesta no se ajusta a vos. Tampoco tenés que quedarte por gratitud, por vergüenza o porque ya invertiste tiempo. La decisión puede apoyarse en lo que necesitás, en lo que pudo conversarse y en las alternativas disponibles.1

Para pensar otra parte de esta pregunta, podés leer cómo observar si la terapia te está ayudando. Si buscás información sobre una entrevista con la Lic. Carolina Yaremczuk, encontrás WhatsApp y formulario en el sitio.

Aviso informativo: Información general: este artículo no sustituye una evaluación profesional.

Fuentes consultadas y referencias

  1. Referencia 1: National Institute of Mental Health (NIMH). Psychotherapies. Confianza, preguntas sobre la propuesta y revisión de alternativas cuando no se observa mejoría. En inglés; no se trasladan al contexto local sus circuitos de atención. ↩ volver al texto
  2. Referencia 2: British Association for Counselling and Psychotherapy (BACP). Boundaries: what complaints tell us. Límites, responsabilidad profesional y confidencialidad. Referencia del Reino Unido, no normativa argentina. En inglés. ↩ volver al texto