Ya encontraste una profesional. Tal vez hasta escribiste el mensaje para pedir una entrevista. Y entonces aparece otra preocupación: «¿Qué voy a contar?». Lo que te pasa puede sentirse enorme cuando estás a solas y volverse confuso en cuanto imaginás explicárselo a alguien.

No saber por dónde empezar no invalida la consulta. Podés llegar con una situación concreta, con varias cosas mezcladas o con la sensación de que algo no está bien. La primera conversación no requiere una exposición ordenada de tu vida. También puede comenzar por esa dificultad para hablar.

No necesitás descubrir el problema antes de consultar

Hay una exigencia silenciosa que a veces acompaña la decisión de pedir ayuda: entender primero qué te pasa para poder explicarlo después. Pero, si ya tuvieras todo claro, parte de la pregunta que te lleva a consultar estaría resuelta.

Podés empezar con una frase sencilla: «Estoy haciendo un esfuerzo muy grande para seguir con mi rutina»; «esto me pasa desde una separación»; «no sé si las cosas que me preocupan tienen relación entre sí». Son ejemplos posibles, no respuestas que debas repetir.

También podés decir: «Me cuesta hablar de esto» o «tengo miedo de que parezca una exageración». En vez de apartarlas para comenzar una supuesta conversación importante, esas inquietudes pueden ser parte de la conversación.

Una escena concreta puede ayudar más que una explicación completa

Si la pregunta «¿qué me pasa?» resulta demasiado amplia, elegí un momento reciente. Una discusión que siguió ocupando tu cabeza, una mañana en la que no querías levantarte o una decisión que venís postergando.

Contá lo que recordás: dónde estabas, qué ocurrió, qué sentiste y qué hiciste después. No hace falta interpretar la escena ni relacionarla con tu infancia. El objetivo inicial es describirla con tus palabras.

Por ejemplo, no es lo mismo decir «soy un desastre con los límites» que contar: «Acepté otra tarea aunque no tenía tiempo, y después estuve enojado toda la tarde». La segunda formulación ofrece algo específico para explorar sin convertirlo en una definición de quién sos.

Qué podés anotar antes del encuentro

Preparar unas notas breves puede ayudarte si temés olvidarte de algo. No es una tarea obligatoria. El NIMH recomienda llevar preguntas e inquietudes a las consultas de salud mental y describir cuándo comenzaron las dificultades y cómo afectan la vida diaria.1

Podés registrar qué te hizo buscar ayuda ahora, qué cambios notaste y qué te gustaría preguntar. Si hay tratamientos previos, medicación o cuestiones de salud relevantes, conviene mencionarlos a la profesional durante el encuentro. No hace falta enviar tu historia clínica por el primer mensaje de contacto.

Dejá lugar para lo que aparezca al hablar. Las notas son un apoyo, no un temario que tengas que completar ni una prueba de que aprovechaste bien la sesión. Si escribir te angustia o te lleva a ensayar cada palabra, podés prescindir de ellas.

La vergüenza también se puede nombrar

Quizás lo difícil no sea recordar lo ocurrido, sino imaginar cómo va a escucharlo otra persona. Podés temer que te juzguen, que no te crean o que se apresuren a decirte qué hacer.

No tenés que contar de entrada todos los detalles de una experiencia dolorosa. Podés señalar que existe un tema del que todavía no te sentís preparado para hablar. Respetar tu ritmo no impide que la profesional haga las preguntas necesarias, especialmente cuando necesita evaluar tu seguridad.

Algo parecido ocurre con el llanto o los silencios. No necesitás disculparte por emocionarte, ni forzarte a llorar para demostrar sufrimiento. Tampoco es obligatorio que una primera entrevista produzca un descubrimiento extraordinario. Puede servir para empezar a conocerse y aclarar cómo se trabajaría.

También podés hacer preguntas

La entrevista no consiste solamente en responder. Es razonable pedir que te expliquen la propuesta: cómo se organiza, qué modalidad resulta posible y qué sucede con la información que compartís. Preguntar por la confidencialidad y sus límites es razonable; no hace falta aceptar una promesa imprecisa de secreto absoluto.2

Podés pedir que te expliquen una palabra que no entendiste, decir que una pregunta te incomoda o comentar que una intervención no refleja lo que querías expresar. Esa posibilidad de aclarar importa más que conseguir una conversación sin ningún momento incómodo.

Si querés conocer los aspectos prácticos del encuentro, podés leer cómo es la primera entrevista psicológica. Preguntar por esas condiciones también puede ayudarte a llegar con menos incertidumbre.

¿Y si después pienso que no dije lo importante?

Podés retomarlo. Una frase que no salió, algo que entendiste al volver a tu casa o una corrección a lo que contaste pueden tener lugar en la conversación siguiente.

También puede ocurrir que no te sientas cómodo con la profesional o con la forma de trabajo. Eso merece ser conversado y, si hace falta, reconsiderado. Consultar no te obliga a seguir sin preguntar ni a interpretar cualquier incomodidad como un problema tuyo.

Alcanzar a decir «necesito ayuda y no sé bien cómo explicarlo» ya es una manera de empezar.

Para consultar por una entrevista con la Lic. Carolina Yaremczuk, encontrás WhatsApp y formulario en el sitio. El primer mensaje puede limitarse a pedir información sobre atención y disponibilidad.

Aviso informativo: Información general: este artículo no sustituye una evaluación profesional.

Fuentes consultadas y referencias

  1. Referencia 1: National Institute of Mental Health (NIMH). Consejos sobre cómo hablar con su proveedor de atención médica sobre su salud mental. Preparación de preguntas e información relevante para la consulta. ↩ volver al texto
  2. Referencia 2: National Institute of Mental Health (NIMH). Psychotherapies. Preguntas sobre el abordaje, la relación con el profesional y los límites de confidencialidad. En inglés. ↩ volver al texto